Un camino en sí no lleva al desarrollo, así como una escuela sin
profesores no trae alfabetización. Los caminos nacen para facilitar
el movimiento de vehículos de ruedas. Resultan indudablemente útiles
para peatones o animales de carga, sin embargo es improbable que el
mejoramiento en la movilidad de éstos pueda ser tal que se cubran
los costos de construcción y mantenimiento del camino. En cambio,
para vehículos motorizados, un buen camino puede reducir los costos
operativos o facilitar viajes a lugares nuevos previamente inaccesibles.
Sin embargo, si los dueños de vehículos no aprovechan la oportunidad
de mejorar servicios de transporte, o de reducir los costos, simplemente
agarrarán lo ahorrado y los usuarios del camino no quedarán beneficiados.
No obstante si los dueños transfieren por lo menos una fracción del
ahorro a los usuarios, entonces podemos esperar un efecto multiplicador
en la medida en que los individuos exploten su movilidad incrementada,
por ejemplo, comercializando artículos perecederos.
En países pobres lo esperado no siempre ocurre. El transporte privado,
el cual permite a los usuarios de aprovechar directamente de un camino
mejorado, es infrecuente, particularmente en Africa. Dueños de vehículos
de servicio público a menudo no pueden mejorar sus servicios porque
no se encuentran en condiciones como para comprar vehículos adicionales.
Aun cuando puedan hacerlo, la gente no tiene los medios económicos
para cubrir el pasaje, ni tiene mercado para vender sus productos.
Aún con más frecuencia, se observa que la gente no necesita vehículo
motorizado, ni siquiera un camino, para alcanzar las facilidades que
más utilizan.
La gente viaja por muchas razones. Sin embargo, es obvio, cuando ingresos
monetarios locales son bajos, que la gente utilizará los servicios
a los cuales puede llegar caminando. Sólo en casos de emergencia utilizará
un vehículo motorizado. Además, los ingresos bajos hace que la gente
evita tomar los riesgos inevitables al agarrar una oportunidad. Resulta
un estancamiento: el camino queda poco utilizado y como el disminuido
ahorro que proporciona a los usuarios no es suficiente para cubrir
los costos de mantenimiento, el camino recae en su estado original.
Esta situación se puede evitar si se dedica más atención a la fase
de planificación, con el propósito de determinar cuales son los destinos
reales de la gente, así como los lugares o actividades que la gente
quisiera que estén más accesibles, y cuales
medidas deben tomarse en consideración para que pueda aprovechar del
camino. A menudo, inversiones más reducidas en medios
apropiados de transporte, en mejoramientos sencillos en caminos
y sendas o en mejoramiento de servicios básicos, pueden causar un
impacto más sostenible. .
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