John Macadam, pionero en diseño
de caminos ha sido probablemente el primero en establecer los
principios básicos para la gestión del mantenimiento de caminos. Sostenía
que primeramente, el gobierno central debía asumir un papel de supervisión.
Segundo, que la gestión debe ser capacitada, profesional y pagada
adecuadamente. "servicios gratuitos", decía sucintamente,
" siempre decepcionaron las expectativas". Tercero, los
obreros de la construcción deben seleccionarse en función de criterios
de buena salud y capacidad, y pagados sueldos de acuerdo al mercado,
preferentemente al destajo. Finalmente, obreros de mantenimiento deben
ser asignados cada uno con total responsabilidad de una milla de camino
(esto pudiendo variar). En resumen, preconizaba construir sobre autonomía
local e iniciativa personal, además de proveer una organización eficiente
y una supervisión estrecha.
Éstos principios, formulados hace doscientos años, conservan su relevancia
hoy en día. Recuerden que el mantenimiento preventivo consiste principalmente
en gestión de agua a pequeña escala. EL agua debe ser evacuada lo
más rápidamente posible, de la superficie del camino antes que la
ablande y que le haga daños irreversibles. Esto requiere la eliminación
de aguas estancadas que llenan los hoyos y surcos al nivel superficial,
además de prevenir la formación de badenes laterales y longitudinales
donde el ímpetu destructivo de aguas corrientes es más dañino. La
convexidad debe restaurarse y las zanjas y alcantarillas deben mantenerse
limpias en la medida que éstas se tapan fácilmente y divierten el
agua de nuevo sobre el camino.
No resulta suficiente contratar simplemente a obreros. Deben ser supervisados,
se debe proporcionarles materiales, reemplazar sus herramientas manuales,
y mantener la calidad a través de inspecciones frecuentes. A veces,
puede verse necesario emplear obreros adicionales, por ejemplo en
caso de deslizamiento de terreno. Así, cada grupo de trabajadores
requerirá un capataz, bien capacitado y móvil.
A más alto nivel, los contratistas que brindan estos servicios deben
responder a un ente que posee las capacidades técnicas y de gestión
necesarias para elaborar y hacer cumplir las condiciones del contrato.
Al final, este ente debe responder frente a un comité representando
los usuarios del camino, los cuales, en el mejor de los mundos, deberían
tener una puesta financiera proporcional a las ventajas que el camino
conlleve.
Tal sistema de mantenimiento no puede ser proporcionado por una autoridad
central por la sencilla razón que los sistemas de caminos rurales
son demasiado remotos y extensos. Raras veces un gobierno tiene conocimientos
al día de dónde pasan muchos caminos o si todavía existen (sin mantenimiento
un camino desaparecerá después de 5 años aproximadamente). Supervisión
y apoyo central es esencial para asegurar que las políticas y el ambiente
legislativo sean coherentes y ofrezcan respaldo. Sin embargo, el mantenimiento
debe ser descentralizado a cualquier nivel más apropiado. Si estructuras
gubernamentales locales sólidos existen, se pueden utilizar. Sino,
sistemas ad hoc aunque robustas, deben ser instaurados en colaboración
con grupos locales de interés. En conclusión, no existe una única
estructura adecuada de gestión del mantenimiento preventivo. Puede
involucrar múltiples combinaciones entre gobierno, organizaciones
informales locales, y empresas privadas de construcción y transporte.
Debe negociarse durante la planificación y la programación, y debería
asegurar una transición fácil entre la construcción y las actividades
de mantenimiento para asegurar que el esfuerzo considerable invertido
en la capacitación y el fortalecimiento institucional no se pierda.
El mantenimiento preventivo de esta manera resulta íntimamente ligado
a la construcción basada en mano de obra
en la medida que, si los métodos basados en maquinaria quedan favorecidos,
la oportunidad de integrar los dos se pierde.
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