Todos deseamos caminos, y de los buenos. Los romanos fueron probablemente
la única civilización que logró tenerlos. Sus caminos eran terriblemente
costosos, pero robustos y extensos. Desde entonces, tenemos que acomodarnos
con lo que tenemos. La civilización occidental tuvo que descubrir
de nuevo como diseñar y construir caminos
durables y económicos. El problema está ahora en escoger el camino
adecuado, "lo suficientemente bueno", en otras palabras, el más adecuado
en un contexto dado. Si un camino se diseña según normas inferiores
a las posibilidades, no se aprovechará plenamente de los beneficios
de un servicio mejorado a los usuarios. Además, puede ser inestable
y difícil de mantener bajo el ataque combinado de la intemperie y
del tráfico. En cambio si el diseño sobrepasa las necesidades y posibilidades,
consumirá fondos que podrían ser utilizados para otros caminos. Además,
resultará costoso mantenerlo a su alto nivel inicial. Finalmente,
interacciones con el medio ambiente deben
considerarse.
El nivel de servicio ideal a proveer se determina de manera pragmática.
A pesar del hecho de que los ingenieros civiles especializados en
caminos tengan una inclinación natural hacia normas nacionales fijas,
éstas resultan más útiles cuando pueden justificarse en relación con
el ahorro inducido al nivel de operación de vehículos. Muchos modelos
existen para realizar este tipo de análisis. Su aplicabilidad se vuelve
más y más cuestionable cuando el ahorro es pequeño en relación con
el costo del camino. En esta zona indeterminada, donde el impacto
depende de las reacciones imprevisibles de un número reducido de personas,
resulta una estrategia prudente la de minimizar los costos.
Escoger la calidad del camino así como las características técnicas
que mejor proporcionará esta calidad representa un compromiso entre
consideraciones económicas y técnicas, un deseo natural de comodidad
y movilidad, y la capacidad financiera para su realización, este último
factor dependiendo de la cantidad de usuarios. Los ingenieros determinan
las especificaciones técnicas apropiadas, en función del nivel de
utilización, del terreno y del clima. La degradación ambiental debe
también ser minimizada. Se trabaja también con los futuros usuarios
para identificar sus reales deseos y necesidades, cuando se les presente
las opciones y los costos, y se les proporciona toda la información
necesaria para que puedan llegar a una decisión común.
